Impresiones de Taiwán

Hola, ser humano. El mes pasado estuve disfrutando de unas agitadas vacaciones en Taiwán. Hoy te traigo mis impresiones tras 8 días de viaje por allí.

La panza primero

Si hay algo que me motiva a viajar no es el conocer culturas exóticas o encontrarme a mí mismo, sino el encontrarme alimentos nuevos que introducir en mi sistema digestivo. Taiwán no fue menos, y pude disfrutar de su gastronomía como buen puerco que soy.

Fideos con ternera taiwaneses

 

El pilar fundamental de la comida taiwanesa son los fideos con ternera. No requiere mucha descripción, es una sopa de fideos con trozos grandes de ternera. Lo que me llamó la atención en todos los platos que probé es la diferencia con las sopas de este tipo de China. La materia prima taiwanesa me pareció mucho más sabrosa y libre de un sabor al que yo llamo ‘lo chino’, y que se encuentra en casi cualquier plato del país. Es un tema que algún día abordaré por completo en un post.

Mención especial también a los mercados nocturnos de comida, donde cualquier lechón puede ponerse las botas con todo tipo de alimentos distintos, como la tortilla de ostras, que según me dijeron es muy común por todo el país y que, aunque en la foto no parece gran cosa, en persona es mucho mejor, como yo.

Fideos con carne de cerdo

 

Pero sin duda, lo mejor que pude probar en Taipei fueron unos fideos con carne de cerdo que estaba tan tierna que se deshacía en la boca. Una auténtica delicia.

Fideos con empanadillas

En Tainan, por puro azar, acabé sentándome en un sitio para tomar unos fideos con una especie de empanadillas cuadradas y carne picada. Resultó ser un acierto según mi paladar, que le dio una puntuación de 10 gastrocerdos.

Beber cosas en recipientes

La bebida también muestra una de las caras más deliciosas de Taiwán. El té con leche en su famoso formato «bubble tea«, se originó en esta isla, y se puede encontrar por todas partes. Pese a que lo he podido probar en la versión china y hongkonesa, todavía no había podido probar la original de Taiwán y se convirtió en una bebida recurrente durante todo el viaje.

Batido de aguacate
Créeme que no te esperas este sabor.

La gran sorpresa llegó con el batido de aguacate. En España, al menos, estamos hechos al aguacate en formato salado y pensarlo como dulce a mí, personalmente, me aterraba. Nada más lejos de la realidad, al mezclarlo con leche y servirlo muy frío se convierte en un refrescante manjar líquido.

Taiwan beer
Si te gusta el mimbre viejo, esta es tu cerveza.

Para cerrar el apartado de los bebestibles, hay que abrir una lata de Taiwan beer. La cerveza más común en la isla. Personalmente no me fascinó, me recordó a la cerveza surcoreana Cass, que siempre me ha sabido a mueble de mimbre viejo. Se deja beber, sin más.

Ver lugares en Taiwán

Tras venir de China, he de decir que Taiwán no es un país que me haya impresionado demasiado a nivel de templos y demás. Supongo que un turista que no haya visitado China puede quedar más complacido. Aunque los templos chinos al final, si no son famosos, «visto uno visto todos» -a ojos de un mortal, no de un entendido de la arquitectura y cultura china-.

Templo de Longshan
Mira qué majos los trillizos viejunos vestidos igual haciendo un Abbey Road.

El templo de Longshan en Taipei y el de Confucio en Tainan me parecieron destacables dentro de la ruta. En Tainan había templos para aburrir, de hecho me aburrí llegado un momento y cambié de planes.

Durante mi estancia en el este de la isla pude visitar el parque nacional de Taroko, aunque al haber ido después de dos tifones, muchas de las rutas de hiking estaban cerradas y no pude disfrutarlo al máximo. Es bonito, pero como me dijo una amiga que estuvo hace poco: los Pirineos le dan mil vueltas. Y razón no le faltaba, ¡viva el barrer para casa cuando hay motivos!

Taipei 101

Aparte de templos, también pude ver el mítico rascacielos 101 de Taipei, que me pareció francamente bonito. Aunque lo sitúo en segundo lugar por detrás de las torres Petronas de Kuala Lumpur.

En general, Taiwán me pareció un país sin grandes joyas que ofrecer pero con un atractivo peculiar. Un sabor a China, a Japón y al sudeste asiático (hola, motos por todas partes) bien equilibrado que me deja con ganas de volver e investigar nuevos rincones del país. Y comer.

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