Xi Jinping contra la revolución sexual china

El pasado mes, la comunidad homosexual de China sólo hablaba de una cosa en las redes sociales: Shangyi (Addicted). Se trata de una serie online sobre adolescentes centrada en una relación de amor entre dos chicos del mismo instituto que se ha convertido en la última sensación online de la plataforma de streaming iQiyi.

Todo parecía normal hasta que, de repente, el 28 de febrero iQiyi hizo desaparecer la serie de su programación como por arte de magia, todavía sin haber terminado de publicar la primera temporada.

Todos sabemos lo que fastidia que te corten una serie a mitad y las reacciones de los seguidores de la serie no se hicieron esperar. El parón repentino desató ira de sus fans en redes sociales, con más de 110 millones de comentarios sobre el cese de la serie.

Al parecer, la razón detrás de la desaparición de la serie era que a los censores del gobierno la serie les había parecido inapropiada para emitirse, así que decidieron cortar por lo sano.

Cualquiera que vea unos capítulos de la serie puede darse cuenta de que no contiene ningún contenido nocivo -de hecho, las escenas en las que los protagonistas se besan están cortadas- y que, si la comparamos con el contenido al que estamos acostumbrados a consumir en occidente, Shangyi queda a un nivel de inocencia digno de series como Heidi.

Podría parecer que se trata de un caso aislado, como gustan decir los políticos españoles, pero si observamos la gran cantidad de casos aislados de censura que se están dando recientemente, podemos intuir que se trata de una gran cruzada del gobierno chino para evitar la desviación de sus ciudadanos provocada por la inevitable revolución sexual que vive el país.

La revolución sexual china

Durante la Revolución Cultural, el Partido Comunista lo tenía todo atado y bien atado. El maoismo hizo un buen trabajo de asexualización de la población homogeneizando el físico de hombres y mujeres para convertirlos a todos en «camaradas» -palabra que, irónicamente, utilizan a día de hoy los homosexuales chinos para llamarse entre ellos-. Los holgados uniformes y cortes de pelo forzados por la guardia roja consiguieron anular cualquier atisbo de erotismo en la imagen de la mujer.

El aparato de la Revolución entendía que las relaciones sexuales eran un peligro para ésta y el sexo se convirtió en un tabú, quedando confinado a la procreación. Las relaciones prematrioniales eran castigadas por la propia sociedad.

Sin embargo, desde la apertura económica del presidente Deng Xiaoping durante los años 80, el país empezó una carrera cuesta abajo y sin frenos hacia nuevas libertades individuales.

Revolución sexual en China

En los últimos años, gracias a Internet, el acceso a información se ha multiplicado exponencialmente y la revolución sexual del país ha alcanzado una velocidad que el gobierno no puede controlar. O quizás sí.

La nueva ley de censura

El pasado 31 de diciembre, el gobierno chino firmaba y publicaba un documento con nuevas regulaciones sobre lo que se puede o no puede emitir en radio, cine, televisión e Internet.

Los puntos que trata el documento son harto dispares y van desde la prohibición de mostrar brujería, poderes sobrenaturales o la reencarnación, hasta el enseñar los métodos que utiliza la policía para resolver casos, evitando así que los criminales puedan afinar sus artimañas.

Sin embargo, lo más interesante viene en los puntos que tocan el terreno carnal. Las series de televisión no podrán emitir ninguna «conducta o actitud sexual anormal», entre las que incluyen la homosexualidad. También se prohibe la emisión de cualquier contenido que pueda tener un efecto negativo sobre los matrimonios, como las relaciones extramatrimoniales o los pinchitos de una noche.

Por último, se deberá evitar exponer a menores de edad a contenido nocivo como el amor entre menores -ese gran enemigo del buen estudiante-, el tabaco, la bebida o las peleas. La ropa extravagante, también está prohibida, algo difícil de definir en China.

Las productoras audiovisuales también han recibido un aviso para que de ahora en adelante su contenido «promueva los excelentes valores tradicionales de la cultura china» y «contribuyan a alcanzar el sueño chino». Este último parece fácilmente alcanzable, ya que será difícil que la audiencia no caiga en manos de Morfeo con semejante poda.2

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