Durante mi periplo por Shanghai, aproveché las paradas entre caminar y caminar para colmar mi panza con manjares lugareños. Mi aparato deglutorio, en absoluto receloso, aceptó con satisfacción todo alimento ingerido y se mostró especialmente agradecido de probar los famosos dumplings (empanadillas de Móstoles) de Shanghai: los shengqianbao y los xiaolongbao.
El secreto está en la masa de los shengqianbao
Para probar los shengqianbao, me dirigí a Yang’s Fried Dumplings, uno de los sitios más conocidos de Shanghai para engullir este manjar.
Esperaba encontrarme con un local pequeño y sucio en el que el sudoroso y decrépito señor Yang lanzase sobre mi mesa con no poco desdén un plato de shengqianbao grasientos. Al contrario de lo esperado, el señor Yang debe haberse jubilado y vivir en una mansión de oro macizo, ya que su pequeño sitio de dumplings se ha convertido en una cadena de restaurantes de comida rápida bastante moderna con cómics dibujados en las paredes.

El menú se basaba en 3 tipos deshengqianbao: de cerdo, de gambas y de verduras. Además, había un plato que traía 2 de cada tipo. Como éramos 2 personas, pedimos 2 mixtos y uno extra de cerdo. La carta incluye otros platos secundarios que ignoramos absolutamente.
Yo ya había probado los shengqianbao en Guangzhou y sabía en lo que consistían: una masa bastante gruesa parecida al pan y moldeada en forma de saquito que se frie por la parte inferior para dejarlo ligeramente tostado. Su interior incluye generalmente cerdo y una sopa bastante caliente.
La forma de engullir no es sencilla. Primero hay que hacer una incisión en la masa clavándole un palillo. Por ese agujero hay que sorber la sopa y, una vez seco, mojarlo en vinagre y comértelo.
Los shengqianbao de la cadena del señor Yang son una oda a la masa y al engaño. Con un plato de 6 shengqianbao se podría acabar con el hambre en el mundo. La masa es gruesa y espesa como el hormigón y la sopa del interior deben cocinarla en el caldero de Satán para alcanzar tal temperatura.
Además, cuando crees que has vaciado del todo el shengqianbao y lo coges con los palillos, caes en la cuenta de que no era así. Como si de un delfín se tratase, el shengqianbao te escupe un chorro de sopa hirviendo a través del agujero que le has regalado. Podríamos estar hablando de un alimento bastante poco agradecido.
El sabor sin duda es delicioso. Los de cerdo y gambas son fetén, pero los de verduras son fáciles de excluir de la comanda, a no ser que seas un rumiante.
Los míticos xiaolongbao
Los xiaolongbao son otra trampa de sopa. El sistema es calcado al shengqianbao, pero estamos hablando de una masa mucho más fina y hecha al vapor, sin freír. Cómo no, se sirven en las típicas cestas de madera que se utilizan para cocinar estos alimentos.
Los xiaolongbao los tomé en un sitio aleatorio al que me llevó mi amigo. Tenía sillas y mesas atornilladas al suelo y un sistema bastante extraño por el que al pedir tu comida te daban pinzas de madera que tenías que poner sobre tu mesa para recibir alimento. Los palillos, de madera, parecían haber sido chupados por generaciones y generaciones de chinos, ya desde antes de la Revolución Cultural.
El plato fue más ligero que los shengqianbao y algo más fino, debido a la masa. Lo acompañamos con unos fideos fríos con pollo y salsa de cacahuete, algo bastante norteño a mi parecer. Estaban buenos, sin duda, como todo lo que suelo ingerir.
Y hasta aquí el rincón gastronómico de hoy. Lo siento si te ha entrado hambre y quieres probar estos manjares. Seguramente en tu país los chinos sirvan insípidas empanadillas de cartón en sus restaurantes. Así que sólo te queda correr al aeropuerto. Siempre que en el aeropuerto de tu ciudad haya un restaurante shanghainés, claro.
Si te ha gustado este artículo, te ENCANTARÁ mi canal de YouTube:
