Recuerdo cuando era estudiante universitario en España y me planteaba estudiar un tercer idioma. Tras pensarlo y hacer varios descartes, mis opciones se quedaron reducidas a tres. Primero el alemán, por la importancia económica del país dentro de Europa y su cercanía a España. Por otro lado pensé en el japonés, ya que desde hacía unos años me apasionaba la literatura nipona, la música y su comida, entre otras cosas. La última opción que pensé fue el chino mandarín, por ser el idioma con más hablantes nativos del planeta y, lógicamente, por la importancia económica de China a nivel mundial.
La primera opción que descarté fue el chino, por contemplarlo como un idioma imposible. Finalmente acabé estudiando japonés durante dos años, como una opción media entre la dificultad del mandarín y lo poco exótico del alemán. Pero en lo que quiero focalizar la atención es en la idea de inaccesibilidad que tenemos en occidente respecto al chino mandarín.
Cuando llegué a China por primera vez no sabía hablar ni una palabra de mandarín más allá de “hola” y “gracias”. En un país donde en la calle prácticamente nadie habla inglés y quien lo habla deja mucho que desear, se me presentaba una situación complicada. Durante mis 8 primeros meses en China trabajando, estuve recibiendo clases de mandarín con una profesora particular y poco a poco pude ver mi avance. Cuando llegué no sabía por donde me daba el aire y al irme ya era capaz de desenvolverme en la vida cotidiana para comprar en tiendas, pedir en restaurantes y mantener alguna conversación básica.
Más adelante estudié mandarín durante 6 meses en la universidad Sun Yat-Sen, en Guangzhou. Esta experiencia es la más enriquecedora que he tenido jamás en cuanto al aprendizaje de un idioma y sin duda se la recomiendo a cualquiera que pretenda estudiar mandarín. Las clases se daban íntegramente en chino y, al ser la mayoría de mis compañeros de otros países asiáticos y no hablar inglés, sólo manteníamos conversaciones en mandarín, por lo que estabas obligado a practicar si no querías ser un antisocial. Al acabar el semestre ya podía mantener conversaciones más avanzadas en mandarín, expresarme correctamente, leer y escribir bastantes caracteres.
Y es que el mandarín es, de los que yo conozco, el idioma con la gramática más simple del planeta. Éstos son algunos ejemplos que lo avalan:
- No existen formas verbales, el verbo siempre se coloca en infinitivo con un artículo delante para indicar la persona. Para formar el pasado sólo hay que añadir una partícula después del verbo. Para indicar futuro se utilizan verbos auxiliares. Indicando el momento en el que se realiza la acción también se puede indicar el pasado o futuro (si empiezas la frase con “mañana”, se entiende que la acción se realizará en futuro).
- Las palabras son muy cortas, generalmente tienen entre una y tres sílabas, por lo que son más fáciles de recordar.
- Las palabras tienen un orden fijo dentro de las frases. Una vez lo has aprendido es muy fácil generar frases.
Sin embargo el mandarín también tiene sus puntos negativos:
- Cada sílaba puede tener 4 tonos distintos o tono neutro. Al principio es un lío, pero cuando te haces a ello no es algo demasiado complicado.
- La escritura. En el mandarín no existen silabarios como en el japonés, por lo que tienes que aprender muchísimos caracteres. Se calcula que para tener una vida “normal” y poder ver la televisión y leer periódicos se han de conocer unos 7000 hanzis (caracteres chinos). Hay que pensar que estos 7000 hanzis se combinan entre ellos creando cientos de miles de palabras. Además, una sílaba con un tono puede escribirse con distintos caracteres y tener significados distintos.
- En cada región e incluso en cada pueblo suelen hablar su dialecto propio, por lo que en ciertas zonas es difícil practicar el mandarín o el acento es muy distinto al original.
En conclusión, el mandarín, como todos los idiomas, tiene sus puntos positivos y negativos, pero le tenemos demasiado miedo a la escritura y eso nos echa para atrás a la hora de querer aprenderlo. Pero es un idioma muy sencillo y con el que puedes aprender a comunicarte mucho antes que con otros. Os animo a los que tengáis dudas a lanzaros a aprenderlo, es todo un reto, es divertido y además tiene muchísimo futuro.

