China es mundialmente conocido como un país budista. Todos los turistas cuando llegan al país quieren visitar templos y hacerse fotos con las enormes estatuas doradas de Buda.
Aunque permanecen a la sombra mediática, en China también hay un gran número de musulmanes y una creciente población cristiana. Pero por encima de cualquier religión, los chinos practican un dogma que sólo se estila aquí: el ‘meiyou‘.
El significado del ‘meiyou’
El ‘meiyou‘ es la religión del NO. La negación como respuesta a todo. Una especie de nihilismo oriental con el que chocas día sí y día también cuando intentas conseguir cualquier cosa en este país.
Meiyou (没有) está formado por las grafías 没 (partícula de negación) y 有 (haber). Y significa literalmente ‘no hay’ o, directamente, ‘no’. Hasta aquí todo normal, cualquier idioma tiene su forma de negar algo, ¿no?. El problema viene cuando en China el meiyou se utiliza cada dos por tres.
Vamos a ponernos en situación con un par de situaciones ficticias basadas en hechos reales:
¿Te gusta este plato, eh? PUES MEIYOU

Entras a un restaurante seducido por las fotografías que exponen en la puerta. Te sirven el té, la cubertería y el camarero te trae la carta. La carta, sí, UNA MALDITA ENCICLOPEDIA. En China hay restaurantes que cuando has terminado de leer la carta ya han cerrado por defunción del dueño. Y los chinos viven cientos de años.
Cuando has terminado la milagrosa hazaña de seleccionar los platos que vas a pedir, llamas al camarero y le indicas qué es lo que quieres tomar. Señalas un plato y el camarero te suelta un MEIYOU como la copa de un pino. ‘¡Canastos, qué mala suerte!‘, piensas. Te aventuras a pedir otro plato y… MEIYOU que te crió. Y así puedes encadenar varios en línea. Hay gente que ha cantado bingo de meiyou en la carta de algún restaurante y le han regalado un apartamento en Torrevieja, Alicante.
¿Te gusta esta camiseta, eh? PUES… MEIYOU
Mercado de ropa falsa. Todas las ciudades chinas tienen uno. Suciedad por todas partes, motochinos, ayis gritando… En la enormidad del caos encuentras una camiseta que te gusta. Desgraciadamente la talla no es la tuya (¡recórcholis!) así que te acercas al tendero, que si la situación se da en un mercado del sur de China seguramente esté pasando de ti como de la mierd*. Y le pides educadamente si puede conseguirte tu talla. Y… MEIYOU. Y te quedas con una cara de tonto inédita. Otra vez más, China te ha vencido.
Y así podría citar ejemplos en cualquier tipo de situación cotidiana. China te enseña día a día una valiosa lección: no luches por lo que quieres, porque meiyou. Y tú, avispado lector que disfrutas de mi blog. ¿No me iras a hacer un meiyou a estas alturas, no? Si te ha gustado el artículo dale al botón de like de ahí abajo o compártelo en Twitter. O imprímelo y cuélgalo en la nevera como si fuese un dibujo de tu hijo. De hecho, si tienes dibujos de tu hijo en la nevera quémalos y pon este post, que aprenda que la vida es cruel y que a todo cerdo le llega su san meiyou.
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