Recuerdo la primera vez que llegué, por mera casualidad, al mercado de Qingping (清平市场) en Guangzhou. Era mi segundo mes en China y, tras visitar la isla de Shamian con una amiga, decidimos acercarnos a una zona de casas pequeñas que se levantaba enfrente de nosotros. Al adentrarnos en sus pequeñas callejuelas nos empezamos a empapar del característico olor del mercado, una mezcolanza de todo tipo de remedios tradicionales chinos que te invita a seguir caminando y descubriendo las mil y una sorpresas que guarda este tradicional mercado.
En Qingping hay caballitos de mar deshidratados, cuernos de ciervo y pieles de serpiente secas, té en sus cientos de variedades y hasta un mercado de mascotas. Cada callejón esconde algo nuevo. En posteriores visitas, cuando ya manejaba mejor el mandarín, pude entablar alguna conversación con los tenderos del mercado. Cuando te acercas a su puesto y ven que les entiendes, se muestran mucho más abiertos de lo que uno piensa. El idioma en China es un muro difícil de saltar y muchas veces esta falta de comunicación nos genera una imagen errónea de los chinos.
Cuando empecé a hablar en mandarín con uno de los tenderos, éste no dudó en ofrecerme a probar un azofaifo (枣子, jujube en inglés, o azofaifo en español, palabra que jamás había escuchado hasta hoy), también conocido como el dátil chino y que venden deshidratado como los dátiles normales y a cuyo sabor se asemeja bastante. También me enseñó y explicó todas las variedades de té que vendía, desde el té de rosas (玫瑰花茶) hasta el té de crisantemo (菊花茶), cuyo precio varía dependiendo de la calidad.
Al final del mercado (o al principio, ya que depende de por donde entres en este laberinto de callejuelas) está la zona de mascotas. Allí podemos encontrar desde cachorros de gato y perro (no son para comer, aunque a saber si alguien…) por menos de 800 yuanes (unos 100 euros) hasta peces de pelea tailandeses (unos peces azules y rojos bastante vistosos que, una vez puestos en una misma pecera, pelean hasta que uno muere). Tortugas, peces, tritones y cangrejos son expuestos en pequeños baldes de plástico de los que a veces saltan y son pisados por los numerosos viandantes que pasan por allí. Por desgracia, no pude adquirir un oso panda.
Sin duda el mercado de Qingping es una visita obligada dentro de Guangzhou para el que quiera conocer la China auténtica. Pese a que la capital cantonesa es una ciudad que a priori puede parecer poco turística, debido a la ausencia de grandes monumentos históricos como otras ciudades, esconde pequeñas joyas como ésta.
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