Las Ayis, el motor económico de China

señora china

Hoy voy a hablar del motor que mueve la economía de China. No, no son los millones de trabajadores que ensamblan todo tipo de artefactos electrónicos en fábricas a cambio de cuatro yuanes y un bol de arroz. Lo que se esconde detrás del brutal crecimiento económico del gigante asiático son señoras. Señoras muy mayores: ¡LAS AYIS!

Ayi es un término mandarín que significa tía. Pero tía como título familiar, no del estilo “te quiero x100pre tía, friends 4ever“. En China los nombres familiares se utilizan para referirse a otras personas dependiendo de su edad. Por ejemplo, a una señora mayor en la calle no le pararías diciendo “perdone, señora“, sino que directamente la llamarías tía. O a un niño pequeño le llamarías didi, que significa hermano pequeño.

Cuidando de la manada

Las ayis cumplen una función vital en la sociedad china: cuidar de los bebés y niños chinos. En China el ocio y las vacaciones no están al orden del día como en occidente, que somos unos viva la vida y unos hedonistas de cuidado. Aquí no hay tiempo que perder y en las parejas generalmente tanto hombre como mujer trabajan todo el día para sacar adelante a la familia. Esto significa que los bebés y niños quedan al cuidado de la abuela, perteneciente a la tribu de las ayis.

Es muy fácil reconocer a una ayi porque éstas suelen llevar un bebé atado a la espalda como un koala. El tema de los carritos de bebé no está muy extendido en China, entre otras cosas, por su elevado precio. Así que, a la antigua usanza, se suelen atar al bebé a la espalda con una tela o redecilla, o alguna vez con artefactos preparados para tal función. En algunas zonas rurales he llegado a ver ayis cargando bebés en cestas de bambú a la espalda.

Las ayis cuidan de los bebés desde su nacimiento y los traen y llevan al colegio cuando son más mayores. Pasar todo el día con tu abuela puede tener sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Durante la etapa más importante de su vida, los niños chinos pasan casi todo su tiempo con una persona mayor que les enseña lo más básico de su educación. Esto significa que los modales como escupir en la calle, entre otras lindezas, pasan directamente de abuelo a hijo. Un grave problema para la evolución de la juventud china.

Bailando, me paso el día bailando

Ayis bailando en China

Manada de ayis realizando el baile del saludo al sol.

Como seres humanos que son, las ayis requieren de sus momentos de esparcimiento. Una de las actividades favoritas de las ayis es bailar en grupo. No importa el lugar: un parque, el portal de tu casa, la calle… Cualquier lugar puede ser objetivo de un grupo de ayis para plantar su bafle portatil y ponerse a bailar.

Las ayis son seres gregarios y suelen bailan en manada. En cada grupo de baile existe una ayi alfa que lleva la coreografía y el resto de señoras siguen sus pasos. Los grupos no están cerrados y cualquier señora que pase por la calle puede unirse al grupo de ayis que estén bailando y será aceptada como una igual siempre que siga los pasos de la ayi alfa.

Como no entienden de géneros musicales, están abiertas a todo tipo de música. Desde el tecno chino más duro hasta Julio Iglesias (lo he visto con mis propios ojos). Las coreografías suelen ser bastante libres y deben de tener un origen en danzas tradicionales chinas. En los grupos suele haber siempre un par de ayis con muy poca coordinación que van 10 pasos por detrás de la ayi alfa.

Vendiendo fruta, fideos o lo que haya falta

Las ayis desocupadas que no tienen que cuidar de un cachorro suelen trabajar en la calle para conseguir ingresos extra para la familia. Desde vender fruta en la calle hasta fideos o extraños artefactos de teletienda (pela patatas, cortadores de pepinos, máquinas portátiles de coser y mil tonterías más).

Ahora que he desvelado el secreto detrás del crecimiento económico de China posiblemente el gobierno esté buscándome. Cuando leas este post posiblemente yo ya esté en la jungla de Camboya montado en un motochino. Nada me hará más feliz que llegar a mi destino y ver que has dado like en el botón de abajo como señal de profundo agradecimiento. No me falles, como cantaba Chayanne: me juego la vida por ti.

Cortes de pelo para bebé chino

Corte de pelo para bebé chino

Una de las cosas más graciosas que tiene China son los bebés. Gracias a la sobrepoblación y a que los chinos son bastante fans de fabricar bebés para honrar a sus familias siendo todavía bastante jóvenes, China está plagada de bebés por todas partes. Me atrevería a afirmar que es imposible salir a la calle, caminar 5 minutos y no cruzarte con menos de una docena de ellos.

Además, los chinos se lo pasan piruleta makeando a sus vástagos y les ponen todo tipo de indumentarias para que sean todavía mas vistosos. Una de las cosas que más me llama la atención en los bebés y niños chinos son los cortes de pelo. En España creo que somos mucho más freestyle en cuanto al corte de pelo de nuestros cachorros. Sin embargo, en China hay ciertos patrones que se repiten continuamente en los bebés y que, además, son cortes de pelo que no se ven en occidente.

Niño chino con coleta manchú

Niño chino con una versión “upgraded” de la coleta manchú

Algunos cortes de pelo atienden a motivos históricos, ya que en China el pelo siempre ha tenido mucha importancia a nivel social y ha jugado un gran papel en algunas revoluciones. Con el establecimiento de cada dinastía, se establecían nuevas normas sociales y entre ellas se encontraba el corte de pelo, que era una muestra de sumisión hacia el emperador. Mao Zedong, que de pequeño era un punk, se cortó junto a sus compañeros de clase la coleta estilo manchú (típica trenza china de película) que durante la dinastía Qing era obligatoria. El gesto de cortársela estaba castigado con la pena de muerte, para que os hagáis a la idea de cómo se las gastaban. Pero bueno, dejemos de lado la historia y vamos al grano. Estos son los estilos más destacados de la temporada primavera-verano 2014 para bebé chino, por si adquirís uno y queréis llevarlo a la moda:

El pequeño Buda

Un corte de pelo clásico y atemporal desde tiempos inmemoriales en China es pelarle la cabeza a tu hijo a ras de piel, a imagen y semejanza de Buda. Un look muy fresco y desenfadado para el caluroso verano mandarín. Es uno de los cortes más comunes entre los pequeños mandarines y se debe, entre otras cosas, a motivos culturales.

A muchos bebés se les rapa el pelo entre uno y tres meses después de nacer y ese pelo se guarda dentro de una pulsera de hilo rojo como recuerdo, ya que es el primer pelo que le creció al niño y que, parte de él, creció todavía dentro del útero materno. Mucho mejor que los souvenirs de “alguien que me quiere mucho me ha traído esta camiseta de Torremolinos“, dónde va a parar. Otras creencias para fundamentar el famoso rasurado se basan en que el pelo le nacerá más fuerte cuando sea mayor.

El gato acostado sobre la frente

corte pelo niño chino

“Yo quería el pelo como los One Direction…”

Otro estilo muy solicitado en las peluquerías es el gato acostado en la frente, también conocido como parachoques de pelo. Ideal para proteger la parte frontal de la testa de tu pequeña criatura. Nace como una evolución más segura del corte de pelo Buda, pero en lugar de pelarle toda la cabeza, al niño se le deja un parche circular sobre la frente.

Sobre este corte no he encontrado respuesta en chinos ni en Google. En grabados antiguos se pueden ver niños con este tipo de corte de pelo, así que seguramente atienda a los motivos estéticos de alguna época o dinastía. Acepto propuestas en los comentarios, aunque os lo inventéis.

La coletilla manchú y el mohawk (punk inside)

Popularizada en occidente por el personaje cinematográfico de Fu Manchú, la coleta manchú sigue teniendo aceptación entre los niños. Aunque en lugar de trenzarlo, al niño se le suele dejar únicamente un fino hilo de pelo cayendo por detrás. No es el corte de pelo más común entre los niños, es un poco bebé grunge. Yo lo he visto generalmente en familias poco acicaladas.

Por último, la cresta mohawk es una alternativa muy recurrente para que tu bebé chino no pasé calor pero no parezca una pelota, que además los bebés chinos calzan buena almendra y sin pelo la sensación se multiplica por dos. Y lo que se puede multiplicar es mi gozo y alborozo si has disfrutado leyendo sobre los curiosos peinados que les pones los chinos a sus críos y te decides a darle un click al botón de “like” de Facebook que sale aquí abajo. Venga, hazlo por el niño del pelo-parachoques de la foto, ¿le vas a decir que no con esa cara?

Shamate, el visual kei chino

Shamate, los emos de China

Los chinos y el milenario arte de copiar. Copian bolsos, copian monumentos, copian programas de televisión, copian tribus urbanas… WHAT? Sí, los chinos han copiado de una manera bastante personal la estética visual kei japonesa, pero como suee ocurrir en China, la copia les ha salido un poco rana.

Este precioso joven que muestra la imagen superior, con ese cardado digno de Amy Winehouse, es lo que en China se conoce como un “shamate”. La palabra shamate no es una conjugación argentina del verbo llamar, sino que se trata de una translación fonética de la palabra inglesa smart (elegante), término que no hace demasiada justicia a los miembros de esta peculiar tribu urbana.

El curioso aspecto de estos individuos nace del intento de copiar la estética de los jóvenes de países como Corea del sur y Japón, especialmente del movimiento visual kei, nacido en Japón a comienzos de los 80 a raíz de grupos emblemáticos como X Japan, que llevaban unos pelos y hombreras que ríete tú de Alaska y los pegamoides.

Dos chinos shamate

Dos shamate chinos comparten tinte como señal de amistad eterna. Y para ahorrar también, que está la cosa mu mala.

Los shamate provienen de las castas más bajas de la población China. Generalmente se trata jóvenes parias de alrededor de 20 años que proceden de un ámbito rural y que ahora viven en los suburbios de las grandes ciudades. Vamos, que han pasado de cardar lana a cardarse el pelo.

Es muy común encontrarte a jóvenes de esta tribu por la calle sentados en cuclillas fumando un cigarro con sus uñas más largas que un jaguar. Uno de sus habitats más comunes son los cibercentros (¿creíais que habían desaparecido a principios de los 2000, eh? ¡JA!), ya que generalmente no tienen Internet en sus casas.

Los shamate son seres gregarios, como las ovejas, y suelen organizarse dentro de lo que ellos denominan familias. Estas familias de shamate se comunican a través de grupos de QQ (el messenger chino por excelencia) que suelen poseer miles de miembros. Para formar parte de estas peculiares familias, es preciso pasar un examen previo y ser aprobado por la comunidad. En los grupos de QQ los shamate se ayudan entre ellos y se emparejan. No es extraño ver mensajes de shamates buscando marido o esposa (en China si no te casas joven tus familiares se mofan de ti en todas las comidas familiares).

Por desgracia, en las redes sociales chinas los shamate se han convertido en objeto de burla nacional y son miles las fotografías y memes ridiculizando a la tribu. Por eso he decidido montar una campaña de apoyo y repoblación de los shamate. Antes de que te vayas al baño a coger el secador y cardarte el pelo, apadrina un shamate. Sólo tienes que darle al botón de like de Facebook que hay aquí abajo y yo me encargaré personalmente de cardarle el pelo a un miembro de la tribu. Si no lo haces, un motochino se aparecerá en tus pesadillas todas las noches y te escupirá en los ojos. Y los motochinos son muy buenos escupiendo flema. Avisado estás.

Los chinos en Ikea

Chinos en Ikea

Los chinos son una gente mágica. Viniendo de una sociedad que mezcla la mayor ruralidad con las últimas tendencias en tecnología (véase señora milenaria que te vende lichis en la calle mientras juega al Candy Crush en su iPad), nunca sabes por dónde te van a salir. Son muchas (¿todas?) las multinacionales que han visto una mina de oro en una sociedad donde se venera todo lo que viene de occidente. Pero muchas olvidan que los chinos están por encima del bien y del mal y que nadie como ellos sabe llevarse el marketing occidental a su terreno. Ikea es el caso más divertido de lo que yo llamo el contramarketing agridulce o “trágate esa, demonio occidental”.

Cantaba Jeanette aquello de “yo soy rebelde porque el mundo me hizo así“, y a los chinos a rebeldes no les gana nadie: son la cultura más punk del planeta. Los chinos son capaces de saltarse cualquier norma social y convertir la vida cotidiana en esperpento. Y es algo que admiro y envidio a partes iguales. Porque cuando en España vas conduciendo y pasa al lado un coche patrulla, se te ponen de corbata aunque sepas que no has hecho nada. Pero en China todo ocurre mejor. Me explico con este ejemplo visto hace dos semanas en Shenzhen: chino en moto eléctrica parado en un atasco hablando por el teléfono móvil. Policía pasa andando por la calle, se acerca, le da una colleja y sigue caminando. El chino deja de hablar por teléfono ipso facto. ¿No es maravilloso?, para mí esto es la salsa de la vida.

Después de esta pequeña ensoñación, volvamos a lo que de verdad importa: los chinos en Ikea. Creo que todos conocemos de sobra al gigante sueco de los muebles y se han hecho ya suficientes chistes sobre la esclavitud en la que han sumido a la humanidad. ¿Quién no se ha visto llorando encogido en un rincón de su dormitorio porque no hay manera de montar la maldita cama Pöpli?

Ikea son unos genios del marketing y su experiencia de usuario no tiene parangón: un laberinto infinito de supuestas casas a las que nunca se parecerá la tuya en el que no te puedes saltar prácticamente una sección y, al final, sin saber bien por qué, acabas metiéndote un plato de 25 albóndigas suecas y 4 conos de helado entre pecho y espalda. Ah, y te vas a casa con el escurridor de verduras Smëgma. En color caqui.

Pero no, amigos suecos, no… Don’t fuck with China. Éste no es el frío país del que ustedes provienen, donde, según cuentan las principales cabeceras españolas, tienen los sueldos más altos, la mejor educación de Europa y las mujeres más bellas del planeta. Éste no es país para suecos. Esto es lo que hacemos aquí con vuestros malditos ideales nórdicos:

¿Tienes plan para esta tarde? Vamos al Ikea

Mi primer contacto con el Ikea chino llegó cuando una compañera de beca me contó que una trabajadora china de su oficina le había propuesto quedar un día a dar una vuelta y el plan que le proponía era “ir a Ikea”. Mi amiga le preguntó que si tenía que comprar algún mueble y la joven china le respondió que no, que podían ir allí a sentarse en los sofás y tomar algo. Ikea como plan de tarde, como quien se va de cañas. Un plan redondo.

*Familia no incluida en el precio

*Familia no incluida en el precio

Yo no dudé un segundo en ir al Ikea de Guangzhou para ver qué tipo de fiesta macabra se estaba cocinando allí. Y cuando las escaleras mecánicas me elevaron al olimpo de los muebles, mis ojos no podían creer lo que estaban viendo: todos los sofás, sillas y camas estaban ocupados por chinos. De todas las edades y castas. Parejas jóvenes de chinos que se tomaban fotos en las habitaciones de muestra fingiendo la maravillosa casa en la que no viven. Ayis (término para definir a las señoras mayores en China, que literalmente significa tía) durmiendo a pierna suelta con sus nietos de escasos meses en el regazo. Matrimonios de mediana edad durmiendo tapados hasta el cuello con el edredón nórdico. Vamos, que la sección de camas parecía el plató de Matrimoniadas versión mandarina (cantonesa, en el caso de Guangzhou).

Ikea en China

Antes de comprar un producto hay que probarlo, ¿no?

No miento si digo que no había ningún sitio libre, desde el sofá Sköj hasta la silla Sävja, todo estaba ocupado. La sección de juguetes se había convertido en un improvisado Chiqui Park con niños de ojos rasgados corriendo de un lado para otro como alma que lleva el diablo. Cada estancia tenía una familia ficticia viviendo dentro, lo que hacía mucho más real la simulación. Sin embargo, los habitantes no invitaban demasiado a la compra.

Al final del túnel aguardaba la guinda del pastel, una infinita cola de chinos para conseguir los apreciados y tan baratos snacks que ofrece Ikea. A destacar, el cono de helado por UN MALDITO YUAN (0,12 euros) o el bien avenido pack de perrito caliente y bebida rellenable hasta la saciedad por 6 yuanes (0,70 euros). ¿Quién puede resistirse a estos manjares a precios tan irrisorios? Un servidor, desde luego que no. Así que me puse en la fila y disfruté del espectáculo.

¿Que cómo acaba la historia? Pues así, pero con 4 helados en la mano por menos de 50 céntimos de euro. ¿Y sabes qué es lo único más barato en el mundo que los helados de Ikea en China? Los likes de Facebook. Si al menos te he conseguido sacar una media sonrisa durante la lectura, quiéreme y dale a uno de los botones de aquí abajo. Que es triste pedir, pero más triste es robar.

Cinco cosas que no me gustan de China

Chino en moto

China es un país que te lleva por un auténtico carrusel de emociones, buenas y malas. Un día puedes estar encantado y de repente sucede algo y te conviertes en Michael Douglas en ‘Un día de furia’, deseas empuñar un arma y empezar a hacer justicia por tu cuenta. Hoy he decidido contaros cinco cosas que no me gustan de la sociedad china y que me sacan fácilmente de mis casillas.

Los motochinos

Los motochinos es el término que utilizo para definir a los chinos con motos eléctricas que te esperan a la salida del metro para llevarte a tu casa por unos pocos yuanes. Esto sería maravilloso si no fuese por su insistencia. Nada más sales del metro te ves inundado por una marabunta de motochinos gritando para que te subas a su moto. Al ver que eres extranjero suelen gritarte “halo, halo!”, como la canción Vertigo de U2, y yo suelo responderles “hola” o les pregunto qué tal les va el día, en inglés, pero no suelo recibir respuesta.

Lo terrible de los motochinos es que van con la moto eléctrica por la acera y a toda leche. Así que cada mañana al ir hacia la boca de metro camino de la oficina me cruzo con tropecientos motochinos en dirección contraria, a velocidades suficientemente peligrosas para mi cuerpo humano y pitando todo el rato, lo que vuelve el asunto mucho más irritante. A todo esto hay que sumar que sus motos llevan una especie de toldo gigante que hace que cada mañana tema llegar a la oficina tuerto. Como decimos en China: bu hao (malo).

La educación china

-¿Llevamos al niño al baño? -No, mejor que cague en la papelera, así reciclamos.

-¿Llevamos al niño al baño? -No, mejor que cague en la papelera, así reciclamos.

En China, al contrario que en el resto de países, están educados de una manera algo… especial. Hay cosas que en occidente y en muchos países asiáticos están mal vistas, pero aquí no, por lo que la gente lo hace con total normalidad. Entre otras lindezas, los chinos suelen escupir en la calle (para lo que previamente realizan un horrible sonido para coger toda la flema que contiene su cuerpo), ponen a los bebés y niños pequeños a hacer sus necesidades fisiológicas en papeleras (incluso en centros comerciales), no saben respetar una fila (siempre, y digo SIEMPRE, habrá alguien que aparezca de la nada y se cuele delante de ti), te empujan en las aglomeraciones, se sacan mocos con el dedo y los redondean y otras muchas cosas que merecerían una enciclopedia. Algunas cosas parecen estar cambiando en generaciones más jóvenes, como el tema del esputo, pero todavía les queda un largo camino por andar.

La conducción

La conducción en China es caótica. Montarse en un taxi o autobús en China es más peligroso que inyectarse oxígeno en las venas. No sé lo que les enseñan en las autoescuelas, pero desde luego que el uso suave del embrague no. Cada vez que el conductor cambia de marcha te descoloca la columna y agárrate bien, porque los frenazos son la especialidad de la casa. Sorprendentemente yo todavía no me he chocado en ningún transporte público, pero más de una vez he visto a señoras mayores salir volando dentro del autobús tras un frenazo.

Otro tema relacionado con la conducción son los semáforos. En China cuando el semáforo está rojo para los peatones, los coches pasan. Y cuando el semáforo está verde… también pasan. Y en los ceda el paso… también. El coche tiene preferencia en cualquier situación, así que hay que andar siempre con mil ojos y mirando a ambos lados cada vez que cruzas una calle, ya que podría ser la última vez que lo hagas. Para los que vamos con los cascos de música todo el día puestos vivimos cada día al límite.

Laowai, laowai!

Esto depende mucho de la ciudad en la que estés, pero hasta en las grandes ciudades suele ocurrir. Por razones que completamente desconozco, los chinos siguen sorprendiéndose de ver un occidental por la calle. Es difícil que pase un día sin que alguien te señale (algunos te llaman laowai, extranjero) o se te quede mirando a los ojos hipnotizado en el vagón de metro. Yo suelo jugar a aguantarles la mirada, pero algunos son auténticos faquires mentales y aguantan el dolor sin pestañear. Muchos se sorprenden de que tenga el pelo rizado y rápidamente llaman al amigo que tienen al lado y me señalan sin pudor alguno y hacen círculos con el dedo para indicarle a su compañero que yo, demonio occidental, tengo el pelo rizado. Loca cultura china, ¿no?

Que no te sepan decir que no

No sé si está enlazado o no con el famoso tema de perder la cara, pero en China es difícil que alguien te diga que no sabe algo o que no puede hacer algo por ti. Cuando estás perdido y le preguntas a alguien la dirección de un sitio, siempre te señalará alguna dirección, aunque no tengan ni idea. O si les pides algún tipo de favor que no pueden hacer por ti, siempre fingirán que lo pueden hacer, hasta que llegue el momento en el que te des cuenta y quizá sea demasiado tarde.

Algunos ejemplos de esta locura son: haber pedido a una compañera del trabajo que me pidiese un libro por Internet y no decirme hasta pasado un mes (y muchas preguntas) que no ha podido conseguírmelo porque no había stock. O preguntarle a una compañera del trabajo por qué de repente en octubre la ciudad se había inundado de vendedores de conejos pequeños (como mascotas) y responderme que era porque empezaba a hacer frío y era muy fácil ir al bosque y cogerlos porque no podían correr. Aunque esto último es una de las cosas que más gracia me han hecho durante mi estancia en el país.

Hasta aquí toda mi bilis contra China. Pese a todo esto, China tiene algo que te engancha. Es una relación de amor y odio en equilibrio perfecto. Prometo escribir un “cinco cosas que me encantan de China” para equilibrar la balanza, de hecho podría escribir muchas más (creo). Si os ha gustado el artículo, agradecería como un japonés haciendo reverencias de 90 grados con mi cuerpo que le dieses un toque a los botones sociales que hay aquí abajo. ¡Mil gracias! ¡Arigato! ¡Xie xie!